Luis. recorrió Sudamérica con la esperanza de mostrar al mundo (y a su madre) pequeños instantes en el galope de sus ojos. Partió con sed de realidad, cargado de vibra, esperanza y ligero de equipaje.

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13th November 2009

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Cuando lo mejor regresa a la tierra; Machu Picchu.

Cada 24 de Junio se rinde un tributo al sol, un culto místico que hasta hoy se conserva, entre risas y llantos escucho la historia contada por sus protagonistas, la historia de un pueblo contada por sus habitantes. Es tal la penumbra que apenas y distingo los gestos en su cara, con fervor relata una a una las tradiciones, habla del sol, de la luna, de calendarios astronómicos matizados con balbuceos en Quechua.

Todo comenzaba días atrás,  al salir de Nasca, llegar a Cusco, salir de Cusco, llegar a Ollanta, le apostábamos a la ruta alterna, lo que quiere decir barata, sufrida e intensa. Parecía un libreto entrar y salir, llegar e irse, solo cambiaba el escenario, y con fortuna, el tablado que ahora nos coqueteaba era Machu Picchu

Leo se llamaba, hablaba con furia, con fiereza en sus movimientos y en sus ojos, a pesar de ser pequeño, inspiraba respeto, tanto conocimiento, tanta información compartida no tenía precio, sin duda un enriquecimiento que hizo engrandecer mi espíritu y me mantuvo despierto y expectante la noche antes de dominar la longeva montaña, el pico viejo, el gran Machu Picchu.

Varias escalas me habían traído hasta aquí, salía de Nasca y me adentraba en lo que fue la capital del Imperio Inca, Cusco o Cuzco, solo una letra que separa  la historia, sólo una letra, ese o zeta, que aleja o acerca el periodo de dominación española. Caminar sus calles, su plaza de armas, todo es viajar en el tiempo. En un principio aquel lugar no fue más que un pantano, pantano que fue secado por  los incas, para luego convertirlo en centro administrativo, cultural y religioso de su imperio.

Es imposible caminar por las añosas calles rebosantes de historia sin al menos mezclarse un poco con ella, susurrar un poco de Quechua y entender que estás parado en el ombligo del mundo, como lo denominaron los antiguos incas, además descubrir que era éste el lugar donde confluían los tres mundos, los tres universos incaicos de los que tanto me han hablado: el Uku Pacha o mundo de abajo de los muertos (representado por la serpiente), el Kay Pacha, mundo visible de los vivos (cuyo símbolo era el puma) y el Hanan Pacha, mundo superior de los dioses (representado por la figura de cóndor).

Comencé a entender lo que verdaderamente es el folclor y tradición en Perú, más que monigotes, o felinos orientales lo que pude vislumbrar y sentir me mantuvo absorto durante varios días, estaba sentado escuchando a Leo, a la vez imaginando lo que me depararía el mañana, sin poder olvidar todo lo aprendido apenas días atras, había descubierto una fuerte relación con la naturaleza, desde los Dioses incas que no eran más que astros o animales, hasta su perfecta armonía con la Pachamama, o la madre tierra. El culto y respeto hacia el cielo y la tierra, el profundo amor por la piedra, por el poder y capacidad que ella representaba, cargada de espíritus y secretos, que aún hoy representan misterio, pues desconciertan a arquitectos e ingenieros los cuales aún se asombran de su total perfección, su absoluto detalle y exquisitez.

Leo hablaba de las tres leyes del inca, un pequeño código que les permitía vivir en total armonía, No robarás, no serás perezoso y no matarás. Retumbándome aquellas tres ideas me dispuse a dormir, dormir tan solo un par de horas, pues antes de las 4 AM comenzaríamos a ascender, comenzaríamos a acercarnos, más mucho más a la soñada ciudad perdida.

El Valle Sagrado y Machu Picchu son sólo una muestra de las increíbles capacidades de esta civilización. Machu Picchu es una ciudad oculta en el medio de las montañas. Ya al llegar a este punto las palabras sobran, luego de tanta preparación, tanta información concebida, tantos pensamientos y corrientes extrañas, estábamos allí, no más que  alo frente del silencio y la majestuosidad, aquí se quedan cortas las palabras, explicar con insipientes esbozos no vale la pena, la sensación brindada al atravesar aquella puerta, sucios, mojados y extenuados, con el cuerpo hecho mierda, pero el alma libre y juguetona. No lo sé, aquel recinto suscita muchas dudas, una curiosidad y una imaginación desbordada e inquieta, la cual me permitió volar, levitar y conocer desde todos los puntos aquella maravilla del mundo, aquel terreno sagrado que aún vive fijo en mi memoria; Machu Picchu y Waina Picchu.

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