Theme by nostrich.
Text
Con Lima en la espalda y con Ica en la mente, abordé un pomposo bus, sin duda, la mejor opción para recorrer Perú, Cruz del Sur era la empresa, dos norteamericanas y una holandesa mi compañía.
Era Ica mi destino, el primer nombre de ciudad que memorizaba rápidamente, todos los nombres suelen ser bastante típicos y arraigados, algo complicados para mi, Ica era fácil, sólo nombrarlo, pues llegar hasta allí nos costó dos horas más de lo pactado.
En realidad me dirigía hacia otro lado, Ica es una ciudad pequeña, lejos de ser un destino turístico cuenta con Huacachina, un atípico lugar en medio del desierto, un gran oásis “medicinal” en medio de la calurosa tierra de dunas y huarangos, un lugar lleno de encanto, historia y belleza natural que ofrece el colorido de sus campiñas y bodegas vinícolas, lo extraordinario de sus desiertos y de sus dunas, medanos y parajes excepcionales.
Okey suficiente spot. En realidad es un pueblo pequeño que depende exclusivamente del turismo, todas sus casa funcionan como improvizados restaurantes o discotecas, incluso como alojamientos. Llegamos en la noche y el Huacachinero era nuestro hostal hotel de turno. Salimos a conocer un poco para finalmente terminar preparando mojitos y bailando salsa alrededor de una fogata en el bar más típico del lugar.
La mañana comenzaba siendo bastante extrema, el ardor que sentía en mi garganta merecía tal calificativo, acompañada de un dolor de cabeza insoportable que me daban los buenos días. Lo anterior no fue una excusa, salimos a probar todo la oferta extrema del lugar, el recorrido en Buggies y el posterior intento por hacer Sandboarding, el mismo bembé solo que en la arena. Los más osados comenzaban probando suerte de pie en la tabla, para luego decantarse por la posición ridícula, y terminar bajando todas las dunas con la encerada tabla en la panza, el polvo, el sol y la arena fueron recompensados con el atardecer más sublime y hermoso visto hasta ahora, atardecer que era interrumpido constantemente por tosidos y estornudos que me conducían lentamente a un paraje más temido y extremo.
*
![]()
Terminé empacado en un taxi rumbo a un hospital, el empolvado pueblo no tenía servicios médicos, por lo que fui conducido a Ica, la ciudad más próxima. Fiebre, vomito y por supuesto colitis! eso presentaba al llegar a aquel lugar, el médico hablaba y me exlicaba que estaba deshidratado, que necesitaba suero y reposo para poder continuar, le comenté lo precario que era mi tiempo, a lo que contestó con una ampolla de penicilina y la promesa de salir la misma noche del hospital.
Ahora la diarrea no era solo de alegría, tanto trajín comenzaba a pasar factura. Mi tiempo se agotaba en aquel extraño lugar y Nasca me esperaba con sus matachitos a escala descomunal.
*Foto: The World By Road