Theme by nostrich.
Text
Vanessa se convirtió en mi guía, me ayudó a planear mi ruta, con el mapa en la mesa me recomendó visitar Montañitas, una mezcla entre olas, arena dorada y vegetación tropical, muy bonito en todo caso, hasta allá quería llegar.
Tomé un bus y luego de un cambio rápido de palabras con otros backpackers continué, el Terminal de Guayaquil es realmente bonito, sin duda es el mejor Terminal terrestre que jamás haya visto, es bastante grande y ordenado, parece más un centro comercial, muy exquisito el asunto.
Es bonito observar el vertiginoso cambio desde el áspero perfil urbano de Guayaquil hasta las soleadas costas de la provincia de Guayas, es una transición visual entre caos citadino y paraíso tropical.
Guayaquil es el corazón industrial del país, no es precisamente un encanto, ni mucho menos un ansiado destino turístico, sin embargo, el resto de Ecuador sí lo es. Me produce la misma sensación de haber vivido toda mi vida al lado de una vecina que siempre paso inadvertida ante mi vista, de repente descubro que es linda, inteligente y genial. Guayaqui fue mi puerta de entrada a los recónditos destinos ecuatorianos.
Llegué a Montañitas y rápidamente conseguí amigos, tan solo al llegar ya estaba corriendo a buscar alojamiento con dos Argentinos, Maximiliano y Manolo, con ellos disfruté y conocí el exótico paraje, el hermoso e inagotable pueblo de Montañitas.
