Luis. recorrió Sudamérica con la esperanza de mostrar al mundo (y a su madre) pequeños instantes en el galope de sus ojos. Partió con sed de realidad, cargado de vibra, esperanza y ligero de equipaje.

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21st October 2009

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Quito de “leyf”*

Hablando precisamente de destinos, y de aquella palabra inherente al bolsillo común Colombiano, y/o Sudamericano, es bastante difícil pensar poder viajar a las Islas Galápagos, una maravilla natural, pero reservada a jóvenes de países desarrollados o viejos afortunados de rincones tercermundistas, en fin, el caso es que las gringas arrancaban para allá, Menjura se quedaba en Quito, todo bien.

Amaneció, último día en Quito, qué hacer?, estaba solo, con un par de tostadas y un huevo encima, ambas cortesía de hostel, 9:00 AM y mucho sol. Fui a la recepción y hablé un poco con Keith, un yanqui radicado en Ecuador, el cual se dedica a armarles planes y guiar a viajeros desorientados como yo. Me ayudó bastante, y ya con un plan de “vuelo” en mente, salí a la ciudad, a comérmela de nuevo, pero solo.

Consistía en tomar 4 buses o un taxi, una diferencia de unos 20 dólares. Evidentemente agarre la opción más económica. Iba solo, sin prisa y sin dinero, genial andar en bus, pensé, más aún si está lleno de caras castizas, gente que te mira bien, mal o simplemente no te mira, me entretuve bastante con aquellos juegos pendejos de bus, cosas locas que hacía para no mirar las feas calles  por las que se abalanzaba el traste en el que iba. Finalmente llegando, me pasé del lugar donde debía bajar, en realidad estaba acercándome a una estación (haga de cuenta Trasmilenio), pero que aquí en Quito se llama Trolebús, Ecovía o Metrobús… lindo, no?

Corriendo llegué al ecovía, buses más chéveres, articulados y tal. La recomendación, todo adelante, celular, cámaras, billeteras… Como en Bogotá, también aquí vive lleno, a todas horas, no solo en las pico, pero es hasta lindo, muy verde y ecológico el trayecto pues el traste éste, anda con energía, por eso se ven unas líneas de electricidad pegadas al carro, cual carrito chocón. De ahí debía llegar a la última estación, unos 50 minutos, sumados a los treinta anteriores mas los que me faltaban en el alimentador, daban un total de 120 minutos, todos de pie, con calor y bochorno proveniente del hacinamiento capitalino, pero también alegre y contento, iba a la mitad del mundo, no había dicho, aún.

Nadie dijo que sería fácil, estaba finalmente allí, cerquita de la latitud 0.0.0. Con 18 dólares ahorrados en el bolsillo. Entré con 3 dólares, recorrí todo el asunto, e hice las fotos de rigor, al verme agachado haciendo contorsiones para sacar bonitas fotos, se me acercaron turistas pidiendo el mismo favor, el primero fue el más temerario, los demás al ver que no salía corriendo con la cámara se animaban y me pedían que los fotografiara con la mole de cemento y mármol que dice 0.0.0. Seguí recorriendo el sitio, almorcé una desastrosa hamburguesa, era eso o cuy, de nuevo, backpacker sudamericano con 15 dólares en bolsillo, prefiere hamburguesa que cuy.

Mismo cuento para regresar, cantantes en los buses, modelos, magos, gallos, ciegos, mancos, mudos, trolas en fin, creo que esa es la mejor manera para conocer realmente la gente de una ciudad, transportarse en lo mismo que ellos se transportan.

Ya de nuevo en la Mariscal, mi barrio, alquilé una bicicleta con Hanz, un loco Alemán, y solito recorrí buena parte de Quito, sorteando perros, viejitas y el jodido tráfico que tiene Quito a cualquier hora. En realidad creo que fue lo que más me gustó de la ciudad, recorrerla en bicicleta es realmente hermoso, sentir que vas por senderos desconocidos, pero llenos de vida, con tanta diversidad es bastante bonito, el viento te golpea en la frente dos o tres aventureros que te preguntan “de dónde eres”, es realmente hermoso, sin duda uno de los mejores planes en Quito, lástima que mi estadía allí se estuviera terminando.

Devolví la bicicleta, me la prestaron sin más, sin documentos, sin dinero, solo una sonrisa en prenda, así solamente, es lindo éso, lástima que se dé entre extranjeros solamente.

Recorrí por última vez La Mariscal, sus bares, sus cafés y tiendas, es un pedazo de Europa en pleno Quito, un ambiente cosmopolita y opulento se respiraba por aquella zona, caminando aún más adentro me topé con un feo parche verde, un desfile militar hacía gala de un par de misiles y camiones robustos, todos plagados de individuos con camuflado del siglo pasado, ambientado todo por una banda marcial, pero que deleitaba a extranjeros con ritmos tradicionales, haga de cuenta los Carrangueros de Ráquira tocando jazz.

La cucharita se me perdió, la cucharita se me perdió.

Finalmente terminé la vueltica, con c, así se aterren los Quiteños y traten de corregirte, son tan tiernos que le ponen t a todo, vueltita, tantito y tontitos :).

En la mañana había comprado tiquetes para viajar a Guayaquil, en mi conversación con Keith, me pudo explicar las ventajas de hacerlo de ésta manera, en realidad es un trayecto seguro, pero largo y tedioso, son alrededor de 10 horas, y casi obligatoriamente se deben comprar dos tiquetes, pues es un riesgo dejar la maleta abajo en la bodega, aquí los buses expresos no son comunes, obligando a jugar al lechero y parar en cada sitio, obvio, abriendo y cerrando la mochila, intercambiando equipajes sin permiso de turistas ilusos. Pensé entonces, debo pagar dos tiquetes, dos taxis para llegar a ambos terminales, 10 horas de trayecto, al menos algo para comer, hice números y finalmente terminé comprando un tiquete aéreo, en realidad la mejor opción, 15 dólares más, dejando un total de 52 dólares, pero con comida a bordo y mucha más buena onda y descanso que en un bus de dudosa reputación.

*Es bastante usada esa expresión por los jóvenes pudientes de Quito, además de ser cool sólo por ponerle una efe (f) al final de toda palabra, es bien normal decir “de ley” como algo muy bueno.

Ejemplo: De leyf tienes que seguir leyendo. Sif y Nof, bastante usados con efe!

Okeyf!

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