Luis. recorrió Sudamérica con la esperanza de mostrar al mundo (y a su madre) pequeños instantes en el galope de sus ojos. Partió con sed de realidad, cargado de vibra, esperanza y ligero de equipaje.

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15th October 2009

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nice to meet you Quito

Era de noche, estaba en Quito, en un terminal bastante congestionado, tomé mis maletas que viajaban arriba conmigo, y me las puse. Busqué un teléfono, necesitaba saber a dónde llegaría, contaba con una reserva que había hecho en Pasto el día anterior, llamé, hablé con una mujer y me indicó como llegar, yo apunté dos nombres en mi brazo, y me fui a buscar un taxi, no sin antes tontamente pagar con un billete de dos dólares, aquí esos billetes son una rareza, no circulan, más adelante me enteré que incluso los cambian por billetes de cinco dólares, pues son de la suerte y noséquémásmierdas… con razón el éxtasis de la señora cuando le pague con el billete, en fin, tomé el taxi, le dije la dirección y de inmediato dio con el sitio, vas para el maple, me dijo, y sí, para allá iba, me contó en el camino que él trabajaba con muchos turistas, el tráfico a esa hora era impresionante, fácilmente nos tardamos una hora y media cruzando la ciudad hasta llegar a La Mariscal, el barrio más turístico de Quito, lleno de hostels, báres, restaurantes y ladrones. Es tan popular que se conoce en realidad como Gringolandia, así figura en los mapas, “Gringolandia”. Antonio, el taxista me habló sobre su ciudad, sus atractivos, en fin, cuando se le estaba acabando el parlamento paró el carro; habíamos llegado. Antes de bajarme del taxi, él se ofrecio a llevarme para conocer los sitios turísticos de Quito, le pedí sus datos y de la guantera sacó una pequeña tarjeta de negocios que rezaba así: Anthonny Jara, la voz popular del Ecuador, La foto del “abuelo gomelo” con “gomina y tal” y una camisa abierta, mostrando el bling bling criollo.

Era un cantante! y taxista!!! Me bajé rápidamente, no quería darle chance de que me embaucara con un CD o algo así, timbré en el hostal, y nadie abrió, curiosamente el taxista esperaba, estaba cuidándome mientras abrían, finalmente una señora con algo parecido a una pijama salió, entré, me registré y me enseñaron mi cuarto, compartido, obviamente, puse todo en su lugar, equipaje al “locker”, candado y para afuera, al parecer sólo había una persona más, una toalla y un candádo lo delataban, en fin.

Salí a caminar cerca al hostal, estaba muy hambriendo, no comía desde el desayuno en Pasto, eran alrededor de las 9 PM y me metí al primer chuzo que encontré, me decanté por la música, muy oriental el asunto, habían muchas shishas afuera y mucha gente fumando y comiendo, me senté y observé a la mayoría, casi todos estaban solos, comiendo o fumando, pero solos, en esas, mientras observaba cosas llegó un mesero, pedí comida y una pequeña pipa, y ahí fue que comencé a sentir que la vida en Ecuador es mucho más barata que en Colombia, incluso hablando de Quito, la capital.

Terminé con el asunto gastronómico y rodé hasta el hostel, las callecitas por el sector son muy bonitas, casi exclusivamente peatonales, con muchos árboles y un ambiente pseudoeuropéo. Ya en la casita me acomodé, intenté hacer amigos, pero no, imposible esa noche, habían francéses, americanos y colombianos, sí! dos, mi compañero de cuarto era de Colombia! En ese momento no lo sabía, pero aquí yo domino el tiempo y el espacio, así que yo veré.

Justo antes de dormir, recordé que un amigo me había enviado datos de una amiga de él aquí en Quito, tenía su celular, tenía el mío conmigo jejé, decidí llamar, contesto y en menos de dos minutos ya tenía armado el tour por Quito para el día siguiente. Todo parecía tan sencillo, en realidad no lo podía creer… dormí pensando en la hora, la primera noche es dificil, pues todo es nuevo, es un cuarto con más gente, además debía madrugar, me recogerían a las 8 AM, y eran las 2 y yo todavía dando tumbos en una cama. (limpia limpísima, por cierto, el sleeping sigue guardado.)

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