Theme by nostrich.
Text
Desde que descendí del bus sentí el ambiente pastuso, encontrar un terminal tranquilo, con gente respetuosa, que no te aborda y te jode pregonando vainas que no necesito, a excepción del desadaptado que aulla SAMANIEGO… En general es bastante agradable. Un lugar bonito con gente amable, muy familiar el asunto, de hecho Pasto lo es, una ciudad de bastante camaradería de mucha tradición.
Fue pues así que conocí a Ricardo Bedoya, mi anfitrión durante las 24 horas que residí en aquella ciudad. Entré a la sala de su casa y me olvidé de mi equipaje, me ofrecieron tinto, delicioso, nada que ver con los inventos gastronómicos del terminal, platicamos y conté la retahíla de siempre, seguramente él hizo lo mismo y finalmente terminamos el café y me tumbé a dormir… Con temperaturas tan bajas dormir se hace bastanbte agradable, más cuando hay cobijas en abundancia, dormí tranquilamente algunas horas, interrumpido solamente por una ducha y luego una invitación a comer las famosas empanadas de la abuela… claramente, la mamá del papá anfitrión.
Empanadas… tan solo al llegar ya reposaban sobre los 6 platos, una mesa bastante arreglada, las abuelas nos saludaron e inmediatamente me tomaron para catar aquella tradición gastronómica. El nombre no lo recuerdo ahora, pero sobra decir que eran empandas diferentes, no las comunes de toda la vida en Manizales o Medellín… eran rica, pero diferentes… Mientras comíamos hablabamos sobre los colegios Jesuitas, fue ése el tema, junto con el de “cómo cruzar la frontera” y la cofradía VIGOR (viejos y gordos) un grupo innovador creado por papás, para reunirse a planear eventos y compartir junto con sus hijos… toda una logia el asunto. Mientras terminabamos la comida escuché una palabra, inmediatamente me transporte 15 horas antes, al momento “samaniego” de nuevo me sentía que hablaban otra lengua, la hija menor dijo Chichuca! Guau… más adelante aprendí que quiere decir caliente, así como Chichay… ajá Frio… chichuca y chichay… Haga de cuenta, Cali y Pasto.
Luego de abandonar a las abuelas y sus empanadas, me encontré con un viejo amigo, al que llamaremos Gordo Delgado, con él estaba Gloria una backpacker en potencia que no daba crédito a mi presencia en aquella ciudad, los tres fuimos a comer Pizzas exóticas… y ahí conocí al mesero, dueño, administrador? En fin, al hombre que estaba allá, de nuevo el mismo ambiente familiar, aquella cercanía hogareña que tan bien me hizo sentir en Pasto..
Ajiaco, empanadas, pizza, fueron mis adquisiciones en aquellas 24 horas, horas de bastante calma y alegría. La familia que me hospedó me brindó un ambiente cálido, y me permitió comprobar una vez más mi teoria acerca de poder mágico de las sonrisas.
Whiskey y Shisha siempre serán sinonimo de pasto, aprenderé a tomar old parr con vallenato y le prometo al “gordo Delgado” mejorar en la técnica milenaria para preparar mejor el narguile, un último brindis, una última calada y a dormir.