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Cali – Pasto (Colombia)
Recuerdo que salí muy rápido de la casa de Carlos, tanto que dejé la mitad de los presentes que tenía planeado llevar a mis amigos en Colombia., allá quedaron, rosquillas para mucho tiempo, allá justo en Cali. El bus saldría a las 10 de la noche, previamente entre la visita a Chipichape, la despedida de un amigo de carlos, y el McFlurry en McDonalds habíamos comprado el tiquete (38.000 COP 20 US Bolivariano). El terminal de Cali es una selva, gente por todos lados, tráfico, movimiento… Agradecí no estar solo, Carlos y su padre me acompañaron, me despidieron y me desearon suerte.
Ya en el bus mi compañero de silla era un viejito bonachòn, en cuanto lo vi, supuse que roncaría bastante, efectivamente, el hombre posee una gran habilidad. A los pocos minutos de salir de Cali pusieron la película, adiviné de nuevo que sería más mala que las anteriores y, efectivamente, malísima. Comenzaba con un Jackie Chan borracho… suficiente para ponerme a dormir… Horas despues, desperté y descubri que estaba bastante incómodo, no sabía donde poner los brazos, aproveché el deplorable estado de sueño y ronquido de mi compañero para arrebatarle el apoyabrazos, el cual emergió de su barriga, fue un alivio, mis brazos descansaron y fue más bonito el viaje de ahí en adelante, obvio, con audifonos a bordo. Extrañamente caí en un trance, un sueño profundo que de manera milagrosa se detuvo justo al llegar a Pasto, sobre las 5 de la mañana. Bajé atolondrado y congelado saqué mi equipaje lo monté al hombro y aún algo dormido entré al terminal?… pero todo estaba apagado, la puerta entreabierta y luces apagadas… Abrí bien los ojos y caminé con Cautela, todo era silencio, el iPod reposaba en mi bolsillo apagado, me aventuré a dar unos pasos más hacia adentro, cuando de repente un alarido desafinado en una lengua extraña interrumpio mis latidos SAMANIEGO!!! SAMANIEGO!!!, hasta ahora ha sido el susto más terrible de todo el viaje, aparte de que el indiecin éste aullaba, lo hacia de manera incomprensible para mi… Más adelante descubrí que el pendejo de nuevo, había sido yo, Samaniego es un pueblecillo en Nariño, ve tú a saber dónde. Continué caminando, ya seguro de que había vida, y de que no era hostil, avancé más y cruce una extraña puerta, tras ella se encontraba la pauperrima vida nocturna del terminal de Pasto, unas sillitas, un televisor y tres pastusillos ornamentales. Caminé más y encontré una cafeteria abierta, entré y me senti tan en Pasto, aquel dialecto tierno y familiar es inconfundible. Quiero un chocolate le dije, enseguida lo llevaron… tristemente el peor choclate que me he tomad en la vida… comienzan los gajes del “oficio”.
La idea era esperar el amanecer, no podía llegar donde mis anfitriones sobre el hielo de las 5 AM, debía esperar y batallar para no dormirme en el dulce aguarde. Me tomé fotos, abri unas pringles y con un chocolate a medias esperé las 7 AM, tomé el primer taxi que encontré, di la dirección y en tres minutos estaba allí, 3.000 COP 1.6 US y una sonrisota como propina. Había llegado, estaba en la casa y ciudad “sorpresa”. Contento.